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Opinión

Ya basta, Alicia.

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15 de mayo del 2021
La foto del doctor Bilotti llorando tras tener que atender al enfermero Manuel Piris justo afuera de Casa de Gobierno fue, definitivamente, la gota que rebalsó el vaso ante un conflicto innecesario que el gobierno decidió generar. El orgullo de la gobernadora la condujo a una actitud inhumana.
No da para más. Está claro que todo tiene un límite en esta vida y ayer se alcanzó en el conflicto que el gobierno sostiene con los enfermeros de Río Gallegos.
Muchos dejaron la calle, pero igual reclaman. Otros pocos, valientes y perseverantes, sostienen un acampe afuera de Casa de Gobierno y el referente es Manuel Piris, quien cumple casi dos semanas de huelga de hambre a metros de la gobernación, en la que Alicia Kirchner seguramente todos los días tiene un cafecito caliente y el poder político como para terminar esto de inmediato.
La jornada de ayer no fue una más, porque hubo una foto, otra triste postal del conflicto, que fue la que rebalsó el vaso: la imagen del doctor Bilotti llorando de impotencia y tristeza luego de atender a un afligido Piris se viralizó, generando aún más bronca, impotencia e indignación de la que ya tenían los profesionales de la salud y los vecinos de Río Gallegos.
 
Sucede que el gobierno aplica la misma estrategia de siempre, jugando al desgaste de los conflictos y el cansancio de los trabajadores, pero en este caso no resultó y hay un enfermero, rodeado de otros tantos, que no afloja y no se merece, al igual que ningún otro, pasar por lo que está pasando.
“¿Hace falta pasar por esto gobernadora?”, se preguntaban ayer por la tarde los trabajadores de la guardia del hospital de Río Gallegos al observar las fotos en las que el doctor Bilotti se marchaba llorando tras atender a Manuel Piris.
 
Está más que claro que no hacía falta, pero llegamos y por momentos pareciera que el gobierno disfruta de eso. Disfruta de ver gente sufrir.
“Está indiferencia por parte de las autoridades nos indigna y entristece a todos y mucho más al personal de salud. Duele la indiferencia pero la dignidad de haber salido a la calle y no quedarnos callados no nos la quita nadie”, comentaba Marcela, otra de las enfermeras que le puso el cuerpo y el alma a un reclamo que todavía no tiene solución.
 
Entonces, ¿Qué queda por hacer? Sin dudas acompañar un reclamo que ya obliga a la gobernadora a parar la pelota, reconocer el error y aceptar que esta vez su orgullo le jugó una muy mala pasada, afectando la salud de quienes son justamente los que nos la cuidan cada día.
 

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